Ana Iribar no espera que nadie llame a su puerta para pedir perdón. Ni lo espera, ni lo desea. «Me basta con saber que las tres personas implicadas en el asesinato de Goyo han sido condenadas a 30 años y están cumpliendo condena. Me da igual en qué prisión estén, pero que estén dentro; no me importa lo que sientan o dejen de sentir, por encima de todo quiero que estos tres individuos cumplan sus sentencia en la cárcel». «Y ya está», zanja la viuda de Gregorio Ordóñez.
A partir de ahí no hay perdón posible. Ella se siente incapaz de perdonar, como cuando acudió al juicio contra varios jóvenes que habían profanado la tumba de su marido. «Me separaba una puerta de aquellos adolescentes. Recuerdo que el juez insistía mucho en que la cruzara y les diera un abrazo, pero fui incapaz de hacerlo. Es muy duro porque es mucho más fácil abrir la puerta, pero no puedo». La ley es su consuelo. Y también su venganza. «Parece mentira, pero lo que de verdad ha dado un respiro a mi dolor ha sido la sentencia a los asesinos. Mi venganza es que se haga justicia». Y para ella esa ley es la que debe seguir imperando cada vez que se hable del día después del comunicado de ETA.
Ahora que se discute sobre vencedores y vencidos, Ana Iribar tiene claro lo que espera que ocurra en el futuro. «Lo que tiene que hacer ETA es rendirse, todos los implicados en los delitos tienen que pasar por la justicia, ser sentenciados y cumplir la condena que les sea impuesta». Ésa es una hoja de ruta que espera ver cumplida para sentir «que el asesinato de Goyo ha servido para algo». A veces Ana tiene la sensación de que las víctimas del terrorismo «vamos a pasar a la historia como los radicales e intransigentes», pero es que ella no puede hacer nada para evitarlo. Por eso pide a quienes les reclaman generosidad que piensen en cómo habrían reaccionado si ETA hubiera matado a su marido o su hijo.
«Asesinaron a Gregorio Ordóñez en lo mejor de su vida, cuando acababa de ser padre. ¿Me piden ahora que perdone, que lo olvide?, ¿pero cómo lo voy a olvidar si me acuerdo todos los días de él, si no tengo más que mirar a su hijo para recordarlo? Es ilógico, nos exigen hacer un ejercicio que los demás no hacen». ¿Y si ETA hiciera un ejercicio de arrepentimiento? Para Ana ya es demasiado tarde. «Tenían que haberlo hecho cuando estaban empuñando la pistola, ahora en la cárcel arrepentirse es muy fácil y bueno para sus conciencias, por eso pienso que pedir perdón no debería servir para aplicar medidas de gracia», afirma.
La viuda de Gregorio Ordóñez quiere simplemente que cuando se escriba la historia «los de ETA sean los perdedores» para hacer justicia a todas las víctimas. La suya, su justicia personal, ya la ha visto cumplida.